EL DOLOR SOCIAL

Siempre me fijo en una mujer muy mayor que suele ir al supermercado más cercano a mi casa. Va siempre tan bien vestida, peinada, maquillada. Anda por los pasillos, observa los productos. Deja fija su mirada en las latas de gisantes, en los paquetes de leche, en las latas de cocacola. A veces mira los pañales de los bebés, a veces las botellas de vino. Está muy a menudo, lo digo porque es normal encontrármela. Me saluda. Los dos sabemos ya nuestros nombres. Y alguna cosas más.

A veces he llegado cuando pagaba. Casí siempre compra lo mismo: latas de comida (garbanzos, sopa, lentejas..), pan, vino barato, galletas maría, y leche desnatada. A veces gel de baño, y esmalte para las uñas. Tiene unas manos tan bonitas para la edad que tiene. Sin duda, es presumida. Siempre que la encuentro pagando, no hay nadie esperando en la cola. Supongo que elige el momento, para no molestar al resto de clientes. Siempre aprovecha para hablar con el cajero, un chico que por lo visto vino de México hace 5 años, que tiene dos hijos y que le encanta Messi y la paella de un restaurante cuyo nombre no recuerdo.

Hace unos 5 años, la cadena de supermercados Albert Heijin hizo uno de los proyectos más interesantes de la década (por supuesto no tuvo eco en la mayoría de los foros y revistas especializadas), entrenó a sus empleados para detectar signos de soledad en sus clientes mayores. Otra cadena de supermercados,  Jumbo, en medio de la fiebre del entra, coge y lárgate lo más rápido que puedas amazon go, instaló  una línea de cajas llamada Chat Checkout  donde los pagos son más lentos, para que las personas mayores pudieran hablar con los cajeros

La mujer mayor de mi supermercado vive sola. Por lo visto vive sola desde hace una década. Su marido murió cuando ella tenía 78 años, y su único hijo, por alguna razón es solo un nombre, y no habla mucho de él. Sé que le gusta mucho el futbol, y que los futbolistas ahora son más feos que los que ella conoció, y que le gusta fumar, aunque sabe que eso es malo para su salud, pero ahora que va a cumplir 90 años no va a ponerse a “ser sana”. Le gustan las películas de antes y escuchar la radio a las 6 de la mañana, y hablar de los precios de los paquetes de arroz y de los tomates, y de su perro, y de lo que le cuesta mantenerlo, y de lo cara que está la vida.

Esta mujer, seguramente el único contacto humano que tiene al cabo del día, en la mayoría de los días de la última década ha sido cada mañana cuando ha bajado a este supermercado. Y supongo que la media hora que se tira dando vueltas por los pasillos, husmeando, tocando, dando los buenos días, o charlando con el cajero, son los momentos más felices de su día.

Las personas  deben seguir las recomendaciones de salud pública sobre el distanciamiento social y la cuarentena. No hacerlo revela que eres un insolidario y un inconsciente. Nadie puede estar en desacuerdo con esto.

Se está hablando mucho del impacto económico (que debe de preocuparnos, y mucho), pero se está hablando poco del dolor social que supondrá el aislamiento y del costo del distanciamiento social. En su inmesa mayoría no estamos preparados para vivir entre cuatro paredes sin conexión social. En la era digital, somos capaces de conectarnos digitalmente con los demás. Pero no es lo mismo. Somos capaces de comprar lo que sea y recibirlo en casa. Pero no es lo mismo. La conexión social es un cinturón protector. Podemos dejar de conectarnos socialmente por decisión propia. El problema sucede cuando lo imponen.  La soledad impuesta causa extress e incertidumbre.

Y sobre todo las personas mayores que siquiera tienen esa opción digital, donde esa conexión social da significado a sus vida. Quizá sería conveniente pensar en medidas para este dolor social que vendrá. Entre otras razones porque vivimos en una país donde viven solas 850 mil personas mayores de 80 años.

 

 

Laureano Turienzo. Consultor & Asesor empresas retail

2017-2019: 200 conferencias con más de 50.000 asistentes de 15.000 empresa del Retail, y «one to one» con empresas líderes en 32 países.  He asesorado, o han contratado mis servicios, 7 de los 10 principales retailers de Iberoamérica y más de 80 empresas e instituciones en estos 3 años.